ENTENDER EL RORSCHACH
Jaime Fúster Pérez
Al enseñar el Rorschach, me ha preocupado que los estudiantes entendieran su proceso. En lo que sigue citaré algunas explicaciones, ejemplos o métodos que hemos usado.
Empezaremos explicando los procesos de pensamiento y seguiremos con las razones por las que se dan respuestas con determinantes concretos. Por qué se responde flores de colores, flores blancas, o flores, simplemente por su forma. Qué subyace en una mayoría de personas para dar un tipo de respuesta y qué permite generalizar los significados de las variables.
Empezamos en este punto, porque es justo por aquí donde empieza el Rorschach, aunque aún quede mucho por explicar.
Palabras clave: Rorschach, engramas, respuestas, determinantes.
We will start the exploration with the process of thinking an then we will give some reasons which explain the answers with concretes determinants. Reasons for answering colourful flowers, white flowers, or just flowers, due to its size. We will explain what underlies in the people giving different kinds of answers.
Key words: Rorschach, memory trace, answers, determinants.
Recuerdo que en un viaje a Italia, cuando nos entusiasmamos ante la belleza del David de Miguel Ángel, el guía nos contó que el autor de tantas maravillas sostenía que el escultor no creaba la escultura, sino que ya estaba allí, en el bloque de piedra, y que lo que el artista hacía era, simplemente, descubrirla, hacerla emerger quitando el mármol sobrante.
A su vez, Rorschach ha conseguido con su test que la persona a la que se le administra presente el autorretrato de su propia personalidad con tanta perfección y exactitud como la escultura de la que hablábamos. Tampoco es él quien crea esa escultura; la imagen, su personalidad, ya estaba allí, en él, que inconscientemente la va mostrando conforme responde al Rorschach.
Pero, ¿dónde está esa escultura que el sujeto va mostrando? Pensamos que en el cerebro y, de hecho, el propio autor así lo expresó.
Tras manifestar humildemente que su trabajo era eminentemente empírico, y aun añadir que los fundamentos teóricos son aún harto imperfectos (Rorschach, 1977, p. 19), explica más adelante que las respuestas pertenecen al campo de la percepción y, a su vez, asegura que la percepción puede considerarse como una integración asociativa de los engramas preexistentes con los complejos sensoriales recientes (pp. 24 y 25). Ahí, en los engramas preexistentes está la escultura.
Creemos que con aquella frase tenemos hoy explicación suficiente para entender lo que ocurre en el Rorschach.
Consideramos el concepto de engramas de una forma más amplia que el de meras imágenes mnémicas, a las que parece que el autor equipara.
Pinillos (1977) escribe: "...al tocar los aspectos biológicos de la memoria, es necesario decir que las supuestas huellas o engramas mnésicos son, por ahora, construcciones hipotéticas muy verosímiles, pero no entidades neurológicas realmente observadas. De alguna manera, no cabe duda, los conocimientos retenidos por el sujeto han de estar representados en su cerebro".
Por su parte, Delgado (1989) dirá: “el sistema nervioso no está rígidamente organizado por determinación genética, sino que existe un alto grado de adaptabilidad durante el desarrollo de las conexiones nerviosas”.
Blanco señala que el sistema nervioso es plástico, no rígido, y que puede ser considerado como un sistema dinámico que se transforma o evoluciona a lo largo del tiempo, que se programa a sí mismo, es decir, que “aprende”.
Adler sostuvo que determinados acontecimientos de la infancia constituyen engramas susceptibles de recordarse y representan tomas de posición muy precoces con respecto a la actitud ante la vida; a su vez, pueden considerarse como determinantes de la vida fiables de una dirección y constituyen jalones iniciales del estilo de vida (Barcia, 1992).
Así pues, y desde estos enfoques, consideramos a los engramas como conjuntos de interconexiones neuronales[1] que se van construyendo en cada individuo como respuesta a una necesidad, idea, acción, sentimiento, estilo de respuesta, etc., y que actúan, en él, a modo de programas informáticos que facilitarán la información oportuna para, en el futuro, resolver la tarea de que se trate, sea ésta motora o simplemente informativa.
Delgado (1989) escribe: “Puede decirse que «se nace sin mente»”, coincidiendo con la idea de Locke de que la mente de cada persona, al nacer, es una tabula rasa. En ella es donde se van inscribiendo ideas (unidades de información, conexiones neuronales, engramas) para cada vivencia.
A su vez, cada nueva vivencia se verá inevitablemente condicionada por las informaciones, engramas, acumulados ya en la memoria. Pero también esa nueva vivencia introducirá modificaciones en aquellos engramas que serán actualizados por ella.
Los engramas funcionan realmente como programas informáticos, aunque se diferencian de ellos en que son programas vivos y deben tener una presencia material en nuestro cerebro (en tanto que interconexiones neuronales).
La principal consecuencia es que se consolidan o modifican, se amplían y se enriquecen cada vez que entran en funcionamiento, hecho que, por otra parte, se produce de forma automática e inevitable ante la presencia de los estímulos pertinentes.
Para aclarar mejor la idea de qué es un engrama usaremos como ejemplo el aprender a montar en bicicleta.
Al principio con gran dificultad, intentamos colocarnos bien derechos, mirando a lo lejos y no a la rueda, presionando alternativamente los pedales, manteniendo el equilibrio, etc. Asi recibimos las primeras instrucciones, tratamos de actuar según ellas y vamos memorizando, sin darnos cuenta, las acciones que vamos ejecutando.
Ese “en todas las acciones” es un proceso de enorme complejidad. Cada instrucción recibida –por ejemplo, la de mantener el equilibrio– se subdivide en múltiples órdenes que, desde el cerebro, deben transmitirse hacia nuestros músculos, nuestros nervios, a cada uno de los miembros que intervienen, las piernas, la espalda, los brazos, a nuestros ojos (para mirar a lo lejos), etc., para intentar compensar la inclinación de nuestro cuerpo y no caer.
La siguiente vez que intentemos montar, ya tendremos aprendidas, aunque de forma imperfecta, algunas de las habilidades precisas. Iremos consolidando nuestro aprendizaje, perfeccionándolo. Sucesivamente, con la repetición, se irán trasformado nuestros titubeos en seguridad y automatizando nuestro funcionamiento.
Durante todo el proceso, se está construyendo ese engrama, esas conexiones neuronales que constituirán el programa de funcionamiento para esa habilidad: montar en bicicleta.
Está claro que, cuanto más lo repitamos, más perfeccionaremos nuestro funcionamiento. También que en cada ejecución el cerebro va dando todas las instrucciones precisas a cada músculo, a cada órgano, en cada momento, aunque ya no seamos conscientes de que lo hace porque se ha ido automatizando el proceso. El engrama va constituyendo el hábito y éste funciona aparentemente solo.
Los hábitos son métodos económicos que nos permiten actuar sin que involucremos nuestras capacidades superiores, sin necesidad de reflexionar cada uno de los pasos de nuestras acciones, hecho que sí ocurre mientras estamos aprendiendo una nueva conducta. Los hábitos, por tanto, surgen ante los estímulos a los que están ligados y actúan de forma automática.
Pero no sólo existen para nuestras conductas externas, observables, motoras; también aparecen en cualquier acción que se repita, incluso para las más íntimas (pensar o sentir, por ejemplo).
Frases como “no sé por qué, pero al ver a tal persona, al pasar por tal sitio, o al oír tal música, me siento incómodo” son el reflejo de hábitos que, inconscientemente, se han instaurado en nosotros y van a influir en nuestros comportamientos, sentimientos o modos de pensar futuros.
Volviendo a los engramas, debemos tener claro que éstos no nacen al empezar a practicar. Desde que surge la idea “voy a aprender a montar en bicicleta”, se inicia su construcción. Seguramente, lo primero es recopilar nuestros conocimientos anteriores sobre la bicicleta, los triciclos, los vehículos, la gente que monta en bicicleta, el hecho de montar en algo, el deporte, las excursiones, los viajes, etc.
En ese engrama naciente ya hay multitud de conocimientos, algunos personales, fruto de nuestras propias experiencias, y otros muchos colectivos, comunes a nuestro entorno. Es preciso entender el concepto entorno en un sentido muy amplio, universal, casi cósmico.
En ningún momento se puede hablar de conocimientos aislados, ya que cada engrama se relaciona con multitud de otros anteriores o coetáneos y, formando parte de nuestro individual acervo de conocimientos, influirá en distintos grados en nuestras acciones, así como en la construcción de posibles engramas futuros.
Como hemos señalado para los hábitos, los engramas que están en su base se dan para todo tipo de actividades, no sólo motoras, como la señalada, sino también intelectuales, afectivas, etc.
Nuestro modo personal de hacer algo se ha ido configurando con los engramas, que en cada cual se han ido formando en función de sus circunstancias, necesidades, ambientes, momentos, modelos, etc. En ellos, por tanto, habrá huellas genéticas, instintivas y aprendidas. Entre las aprendidas, las habrá recientes y antiguas. Las de los primeros momentos de nuestra vida tendrán mucha influencia, pues habrán pesado en la construcción de la mayoría de los engramas posteriores[2]. También existirán las que han sido muy destacadas en el momento de su ocurrencia y las que han pasado casi desapercibidas, pero todas habrán influido en distintos grados y seguirán influyendo en nuestras formas de actuar y enfrentarnos a la vida, en nuestra forma de resolver los problemas cotidianos.
En resumen, consideramos que nuestra
personalidad, nuestra manera de enfrentarnos a la vida, dependerá, en primer
término, de los engramas, esas conexiones neuronales que, por influencias
diversas, se han ido formando a lo largo de nuestra vida y siguen conformándose
en la actualidad.
En ellos está presente, lo
genético, lo instintivo, lo aprendido, las experiencias individuales, los
conocimientos comunales o colectivos; también nuestros deseos, nuestros miedos,
nuestra fisiología, nuestra salud, nuestras enfermedades, los trastornos de
cualquier tipo que estén presentes, las huellas de los pasados, todo aquello de
lo que somos conscientes y lo que nos permanece inconsciente[3].
Esos engramas dirigen
nuestros hábitos, aquello que nos surge más espontáneamente, lo que tendemos a
hacer; así mismo, aunque en nuestra libertad podamos no realizar alguna de esas
conductas habituales, condicionan nuestro comportamiento observable o íntimo,
marcan nuestros rasgos de personalidad y, además, definen los estados que pueden
suponer un cambio en aquéllos.
Todo lo dicho evidencia,
también, que las respuestas al Rorschach estarán inevitablemente condicionadas
por la presencia de esos engramas que definen los rasgos de personalidad de cada
individuo y que, aún más, en su interacción con las circunstancias del momento,
condicionarán los estados[4]
que pueden modificar a aquéllos.
¿Qué influye para dar una
respuesta de determinada forma?
Desde la perspectiva de los
engramas podremos entender mejor qué es lo que influye en una persona para
que en el Rorschach dé cierto tipo de respuestas y se apoye en
determinadas formas para formularlas. Además, podremos ver de qué modo está
determinado ese proceso por su personalidad, por sus rasgos y por los estados
que inciden sobre él.
En un Rorschach, todo son
procesos de pensamiento que luego se nos hacen explícitos mediante el lenguaje.
Entendemos por procesos de pensamiento todo cuanto ocurre en el cerebro
del sujeto, ante la lámina, y la consigna que éste recibe: sensaciones,
percepciones, asociaciones, recuerdos, razonamientos, sentimientos, necesidades,
deseos, ilusiones, temores, etc. Es decir, todo lo que mueve y estimula a los
engramas mnémicos, como decía el autor, pero con el significado amplísimo
con el que se entienden hoy en día.
Consideramos que el Rorschach es supracultural, por
cuanto es aplicable a personas de cualquier lugar. La condición para que sea así
es que cada una de sus variables tenga una misma interpretación en todas las
culturas[5].
Las respuestas se formulan
en el lenguaje en que se esté hablando, con palabras que se codifican mediante
los códigos del Rorschach. Cada código se refiere a
conceptos que las agrupan. Así, los conceptos que corresponden a los códigos M o
FM, C o C’, W o Dd y H o A, agruparían a todas las palabras que en un Rorschach
se refirieran a movimiento humano o animal, color
cromático o acromático, localización global o de
detalle inusual y contenidos humanos o animales,
respectivamente.
Cada código del Rorschach
puede ser una variable simple, por sí misma, o mediante cálculos, dar lugar a
variables derivadas.
En la interpretación, desde
las variables del Rorschach, se llega a los rasgos y estados de las personas y
cada variable tiene un único significado para cualquier cultura.
La inferencia inmediata es
que si esto ocurre es porque, cuando las personas están bajo los efectos de
determinados rasgos (o estados), tienden a usar palabras cuyas semánticas
corresponden a códigos concretos del Rorschach.
Podemos expresar, pues, que
los conceptos que se refieren a las distintas variables[6]
del Rorschach son supraculturales.
Ya dijimos, cuando estudiamos el significado de
las respuestas de movimiento animal (Fúster, 1995), FM: “casi todos los
individuos tienen concepciones semejantes sobre el significado del color
o del claro oscuro, del movimiento humano, del animal, etc.”.
Nuestro
razonamiento de entonces buscaba la lógica según la cual si la presencia de una
FM se interpretaba como que el sujeto estaba sufriendo el peso de demandas
básicas o elementales –y eso era generalizable– era porque todas las personas
tienen arraigada la idea de que “en los movimientos de los animales se expresan
lo que son nuestras propias demandas más elementales y básicas, las de tipo
animal”.
La conclusión que obtuvimos
entonces, y que nos es válida para nuestro objetivo de hoy, fue que la
percepción de demandas básicas en los individuos es aquello que origina las
respuestas de movimiento animal (FM), “porque las manchas del Rorschach remueven
en ellos huellas mnémicas [engramas, especificamos ahora] asociadas a
movimientos animales, que son la más clara representación de esas sensaciones,
deseos, impulsos y/o necesidades” (Fúster, 1995).
Lo que acabamos de explicar, y lo que sigue, puede verse reflejado en aquel refrán que dice “De la abundancia del corazón
habla la boca”.
A continuación explicaremos que lo dicho hasta ahora
es extensible, también, a otras variables del Rorschach.
Insistimos en que nuestro propósito consiste en
encontrar las razones por las que la presencia de determinado rasgo (o estado)
en la persona da lugar a unas respuestas en cuyas palabras subyacen conceptos
(códigos del Rorschach) que, al ser decodificados (interpretados), van a mostrar
la presencia de aquél rasgo.
Recordando lo que dijimos al
principio sobre engramas y hábitos, consideramos que los engramas de esos
conceptos son muy consistentes y completos; además, hacen funcionar determinados
hábitos que actúan, de modo automático e inconsciente, en la forma de
generar las respuestas al Rorschach.
El hecho de que esos hábitos
actúen de forma inconsciente permite que los sujetos den sus respuestas sin
caer en el error de la deseabilidad social, del cual seguimos sosteniendo
que el Rorschach está exento.
Otro elemento que ayuda a la no conciencia del
sujeto con respecto a la forma de presentar sus respuestas es la pregunta que se
le hace en la consigna: ¿Qué podría ser esto?
El sujeto se centra sobre
ese qué correspondiente a los contenidos, sobre los que ejerce el máximo
control[7].
Y este hecho hace que el control sobre cómo los percibe y
formula sea más débil o incluso no lo ejerza.
Corresponde el cómo
los determinantes que estudiaremos a continuación, buscando qué es lo que
los genera en el sujeto.
En los Determinantes de
Forma, el sujeto cumple el mínimo de la consigna recibida, no justifica
la respuesta o, si ha de hacerlo, puede decir simplemente: “porque así me
parece” o “porque tiene esa forma”. A lo más que llega es a explicar las partes
que la integran.
Consideramos, por ello, que
los sujetos dan estos determinantes cuando evitan, o no pueden, ser más
explícitos en sus respuestas.
El
Determinante de Movimiento Humano, que “correlaciona con la actividad
intelectual” (Exner, 1994, p. 359), también “implica participación del
razonamiento, de la imaginación y de una forma refinada de conceptualización,
[...] indica que se ha empleado una táctica de respuesta diferida” (op. cit.,
p. 362).
El engrama universal, asumido por todas las
culturas es que el hombre es un animal racional, siendo esto una imagen
universal, arquetípica (Fúster, 1995).
Por ello, cualquier acción,
sea o no exclusivamente humana –pero a la que se quiera impregnar de
racionalidad–, será preferiblemente ejecutada y/o representada por una figura
humana o humanizada (M).
Como
hemos dicho, el movimiento humano está ligado a la racionalidad y el movimiento
animal a las necesidades básicas.
Pensamos que el movimiento inanimado lo está a la acción del entorno, a las
fuerzas de la naturaleza (viento, mareas, lluvia, truenos, rayos, fuego, etc.) y
a objetos que no deberían moverse. La idea dominante es que sobre ninguno de
ellos tenemos posibilidad de control y que en algún momento pueden ser
amenazadores y peligrosos; ello crea ansiedad, inquietud, temor, inseguridad,
tensión.
Las frases “que lo parta un rayo”, “que el mar
se lo trague”, “ que se hunda” o “que se lo lleve el viento” son asimilaciones
de acciones sobre las que no se tiene control, ni posible defensa.
Pensamos, por tanto, que la percepción de
circunstancias en nuestro entorno o, incluso, en nosotros mismos y sobre las que
nos sentimos con poco control harán surgir la ansiedad que facilitará el tipo de
respuestas de movimiento inanimado, que conceptualmente expresan esas
sensaciones de falta de control y peligro.
En las respuestas de Color
Cromático el sujeto expresa de qué forma muestra sus afectos. No se menciona el
color por el mero hecho de que exista en las láminas. Si fuera así, las
respuestas de todas las personas serían semejantes y meramente descriptivas.
Reflexiones sobre el color, los humanos y
los afectos
El color es anterior a los
hombres y, por lo tanto, anterior a las concepciones humanas. Ya las plantas y
los animales, antes de que los hombres existieran, se vestían de colores para
estimular la fecundación.
El hombre, en su evolución, fue entrando muy
poco a poco en el mundo; para él, y también desde el principio, el mundo era de
color. Y el color iba ligado a la vida. Más adelante fue viviendo –seguramente
antes que pensando– que el color se relacionaba con los climas más agradables:
con el calor del sol, el cielo, el arco iris, el mar, los ríos, los bosques, las
flores y los frutos; y lo fue viviendo de la misma forma que lo vivían los
animales. Seguramente, aprendió instintivamente como ellos a valorarlo. Cuando
empezó a pensar se fue dando cuenta de todo lo que antes sólo había sido
instinto y entendió que el color se relacionaba con las cosechas, con la
abundancia, con la seguridad, con la sexualidad, con el amor... Con todo lo
deseable.
Filogenéticamente se fue
construyendo un engrama, que fue transmitido, creemos que en parte por genes,
instintivamente; posteriormente, por aprendizaje en transmisión cultural; y,
finalmente, el engrama fue completado con las propias experiencias individuales,
de forma que en los hombres hay una gran ligazón entre el color y los afectos o
emociones.
En todas las culturas, la
alegría y las emociones suelen mostrarse mediante el uso de los colores, de
forma que a más color más alegría se quiere demostrar. Se ponen colores
en las fiestas, en las bodas y en las celebraciones. Se habla de un mundo
multicolor, de la vie en rose...
Sin embargo, hay que tener presente que el
color no sólo lo ve quien lo utiliza, sino también los demás, y que al usar los
colores somos conscientes de ello. Por lo tanto, aunque podemos ser espontáneos,
también disponemos de la capacidad para mostrar lo que queramos mostrar, al
margen casi de lo que sintamos.
En el Rorschach, el uso del color es mucho más
sincero. Recordemos que el sujeto no es consciente de que los determinantes, y
entre ellos el color que nombra, tengan otro objeto que el meramente
descriptivo.
La respuesta de color no es, normalmente, en
función de una elaboración consciente. Surge cuando el engrama color permite
hacerlo, porque el color existe y porque nuestra disposición (en el sentido de
interacción de rasgos y estados) lo propicia; es decir, cuando en la realidad y
sin querer fingir, lo haríamos, mostrando cuál es nuestro estilo habitual de
expresar los afectos.
Por lo tanto, pensamos que el uso del color
cromático en el Rorschach le viene impuesto al sujeto por la gran ligazón entre
el color y las emociones, que le incita a nombrar colores cuando siente afectos
y emociones.
Las respuestas de Color Acromático se refieren
a la constricción afectiva, a afectos que se sienten y no se exteriorizan, como
si fuera un “morderse la lengua” (Exner, 1994, p. 328).
¿Por qué una persona usa esta
variable en el Rorschach? Durante mucho tiempo, el hecho de que el color
acromático fuera una variable de las llamadas disfóricas[8]
me confundió a la hora de ver cuál era el origen de las respuestas C’.
Finalmente, en mi concepción, logré desvincularlo de su posición interpretativa
(e incluso de su situación dentro del Sumario Estructural, con las variables de
claroscuro). A partir de ahí todo quedó claro.
El Color Acromático es,
desde luego, y valga la redundancia, un color. Es de aplicación todo lo dicho
para los colores y, en especial, ese gran nexo entre afectos y color.
Los colores acromáticos son:
blanco, negro y gris. Y esos colores son, también en todas las culturas, colores
que acompañan al luto. Negro y/o blanco, según la cultura, para el luto; gris,
como en Valencia decimos, en el alivio de luto. Son los colores de las
emociones inhibidas, las ventanas cerradas; suelen acompañar con frecuencia al
dolor y a la muerte. También son colores especialmente formales, sobre todo para
el vestir (traje de etiqueta).
Son expresivas frases como
“lo veo todo negro”, para expresar que alguien no ve la solución a sus
problemas; o “me quedé blanco como el papel” dicho ante una desagradable y
sorprendente noticia. Ambas se relacionan con un bloqueo de los afectos. También
se dice “es una vida gris” para referirse a una vida en la que nada es
interesante.
Así pues, las respuestas de Color Acromático
surgen por las mismas razones que para el cromático, pero con el sentido con el
que a estos colores (blanco, negro y gris) se les da en cualquier cultura. La
inhibición interior se traducirá en el uso de esos colores.
La Textura expresa en el Rorschach una “mayor
necesidad de intimidad” (op. cit., p. 327). Vemos muy clara esta
sensación, como motor para generar respuestas de textura, por tanto relacionadas
con el tacto.
Los ositos de peluche son muy frecuentes en su
uso; también el abrigo de pieles, las alfombras de piel junto al fuego, el
propio contacto físico con otras personas, el acurrucarse o el buscar cobijo.
Tampoco debemos olvidar la gran importancia que
el tacto tiene entre nuestros sentidos, a parte de ser el que ocupa el máximo
espacio en nuestro cerebro.
Creemos que en el engrama de la textura hay
huellas genéticas. Recordemos el experimento del mono lactante de Harlow y
Zimmerman que ya nombramos (Fúster, 1995).
Será la necesidad de proximidad física,
seguramente interpersonal, tenderá a elicitar respuestas en las que se nombre el
determinante de textura.
El Claroscuro Difuso determina respuestas
típicamente disfóricas y, en ellas, se expresa sensación de indefensión,
desesperanza, depresión, etc.
Consideramos que su origen es como el del
color, muy ligado a la naturaleza. En este sentido, elementos como la niebla,
las nubes, las tormentas, la oscuridad, la falta de definición en los contornos,
la falta de uniformidad en los colores, la visión confusa, la visibilidad
escasa, el ocaso del sol o la escasez de luz, crean inseguridad, temor.
El hombre vive mucho más cómodo cuando tiene
buenas referencias en las que apoyarse. Frases tales como “no lo veo claro”,
“todo es confuso” o “vivo en la penumbra” son explícitas de lo que comentamos.
Serán las sensaciones de indefensión e
inseguridad las que darán lugar fácilmente a respuestas tipo Y.
La variable de Forma Dimensión (FD) se
relaciona con “una actividad psicológica que supone introspección, o al menos
autoconciencia” (Exner, 1994, p. 455). Admitimos este significado porque
experimentalmente, según el citado autor, se ha probado. Se codifican FD las
respuestas en las que, aprovechando los elementos formales de la lámina, se
percibe profundidad o perspectiva.
Consideramos que esta capacidad del sujeto, la
de ver en perspectiva, debe de ser adquirida, y está relacionada con la
capacidad de tomar distancia, de ver desde distintos puntos de vista, de
aprender con la perspectiva que da el tiempo. Además, este estilo puede ser
facilitador para realizar introspecciones, ya que ello supone tomar distancia de
uno mismo.
Creemos que esta capacidad, la de ser capaz de
realizar una introspección, es una de las que se derivan de la interpretación
más amplia que consideramos que tiene esta variable, la de tomar distancia de
los problemas.
Las respuestas de Vista se relacionan con una
“introspección rumiadora que resalta aquellas características propias que el
sujeto percibe como negativas” (op. cit., p. 329).
Se codifican como Vista las respuestas en las
que, aprovechando los tonos más claros o más oscuros de la lámina, se percibe
profundidad o perspectiva.
Hacemos las mismas consideraciones que las que
hemos hecho con FD y consideramos, también, que esta capacidad del sujeto, la de
ver en perspectiva, debe de ser adquirida, aprendida, y está relacionada con la
misma capacidad de saber tomar distancia. Así mismo, ese estilo puede ser
facilitador para la introspección.
Añadimos el sentido disfórico de los
claroscuros, aunque las respuestas de Vista se diferencian de las de Claroscuro
Difuso en que son más elaboradas.
No entendemos por qué la experiencia de
introspección dolorosa puede ser capaz de elicitar respuestas en las que se dé
la visión de perspectiva. A lo más, diremos lo mismo que para las FD: la
capacidad de tomar distancia facilitará, por esa razón, la respuesta de Vista.
En conclusión, no vemos razón suficiente por la
que el rasgo (o estado) de introspección dolorosa puede dar lugar a que surjan
respuestas de Vista. Cuando esto ocurre, sólo podemos decir con respecto al
significado interpretativo de la variable que es así porque empíricamente se ha
demostrado.
Pero eso nos parece poco, no nos da seguridad
en la interpretación, incluso nos hace dudar del valor interpretativo que se ha
dado a esta variable.
Desde la simetría de las láminas, y con
respecto al eje central, serán Pares (2) dos perceptos simétricos que se nombren
como iguales, y Reflejos (Fr y rF) cuando se indica que uno lo es del otro.
“Aunque parece más apropiado emplear el concepto de egocentricidad” (op. cit.,
p. 137), las respuestas de reflejo señalan “un rasgo de tipo narcisista” (p.
376).
Desde el mito de Narciso, la visión de imágenes
reflejadas se relaciona con ese rasgo. Quien se sienta más autosatisfecho,
fácilmente tenderá no sólo a verse reflejado, a buscar su propio reflejo, o a
interesarse por el hecho de los reflejos, sino incluso a percibir sus vivencias
como un reflejo de sí mismo, de su propia personalidad, a sentirse el fiel
reflejo de su familia (si está orgulloso de ella) y a verse reflejado en
sus hijos y en sus obras.
Por otra parte, el reflejo de sí mismo es muy
importante, pues es el que realmente permite a los niños empezar a conocerse.
Los espejos siempre son elementos de sorpresa en las primeras experiencias
infantiles.
Por lo dicho, vemos como normal que quien se
sienta satisfecho de sí mismo dé con facilidad respuestas de reflejo.
Con los Pares nos ocurre lo contrario que con
los reflejos. El que estén relacionados con el egocentrismo lo admitimos porque
empíricamente se ha comprobado. Sin embargo, no vemos la razón por la que una
persona bien centrada producirá más respuestas de pares que aquella que no lo
esté. Sólo se nos ocurre pensar que esto sea porque se pueda ver a un par de
objetos simétricos como una tímida expresión del reflejo.
Por aquí hemos empezado ese esfuerzo por
entender el Rorschach con el que pretendemos que nuestros alumnos vean, lo más
claramente posible, los distintos procesos que ocurren en él. Queda muchísimo
más que entender, incluso aquello en lo que nos hemos reconocido incapaces y
quizás se pueda –y se nos pueda explicar– por quienes más saben.
Ésta es una prueba llena de sentido común, y
conviene que así se conozca y se maneje.
Bibliografía
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Jaime Fúster Pérez
CIDAI
(Centro de Investigación, Diagnóstico,
Asesoramiento e Intervención en Psicología Clínica)
Avda. de Campanar n° 39,
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e-mail:
jotaefepe@ono.com
[1]
En la misma obra se cita a Hebb (1949), que en su libro The organization of
Behavior sostiene que “la huella mnésica consiste en un conjunto de
cambios sinápticos permanentes que se distribuyen aleatoriamente en una
“asamblea” de neuronas, y que justo a esa multiplicidad engramática se debe
el hecho de que la pérdida de unas neuronas específicas no comporte la
desaparición total de un recuerdo o de un aprendizaje”.
[2]
El lenguaje popular, que suele ser tan expresivo, dice: “Las primeras
papillas nunca son digeridas”.
[3]
Según C. G. Jung, “el Inconsciente describe un estado de cosas
extremadamente fluido: todo aquello que conozco pero en lo que no estoy
pensando en este momento; todo aquello de lo que otrora estuve consciente
pero he olvidado; todo lo que mis sentidos perciben pero que mi mente
consciente no capta; todo lo que involuntaria e inadvertidamente siento,
pienso, recuerdo, quiero y hago; todas las cosas futuras que están tomando
forma en mí y que en algún momento llegarán a la conciencia: todo eso es el
contenido del inconsciente”.
[4]
Recordemos el significado que da Exner (1994, p. 45) a los términos,
rasgo, al que también llama “hábito” o “estilo de respuesta” (op. cit.,
p. 51) y estado. Define el rasgo como “el conjunto de
elementos dominantes de la personalidad que da lugar a preferencias
conductuales y a la reiteración en las maneras personales de responder en la
vida”. De los estados dice que se refieren a aspectos presentes, pero
contingentes a ciertas condiciones estimulares “que pueden tener un efecto
de inducción de nuevas conductas, que se añaden a las anteriores
inclinaciones [las generadas por los rasgos], o bien las sustituyen”.
[5]
No así
los
valores
tabulares de las mismas,
como se pretendió al principio del Sistema Comprehensivo.
[6]
Nos referimos
a partir de aquí,
especialmente,
a
las variables simples o códigos.
[7]
Fácilmente,
una persona agresiva puede,
en la lámina
II, evitar hablar de sangre y/o de pelea,
aunque las perciba,
y dar la respuesta de “juego
y pintura”.
[8]
El símbolo SH se ha utilizado para representar el valor conjunto de cuatro
variables: C’, T, V e Y
(Exner, 1994, p.
325).